Gabriel Rocha fue detenido por las autoridades de Estados Unidos desde noviembre de 2009. Su madre lo presintió desde entonces, pero no tenía certeza de que, efectivamente, su hijo estuviera tras las rejas.
Gabriel Rocha fue a la corte el mes pasado en Chicago, nadie sabe si estuvo asistido por algún abogado o representante mexicano que lo asesorara y, hasta hoy lo único que se sabe es que vive en la celda 11-BD-1-111.
En un país donde se jacta de ejercer la justicia bajo los más altos estándares de calidad, el silaoense Gabo Rocha, no ha podido tener acceso a un teléfono para pedir auxilio y lo peor del caso, la embajada nada sabe.
Gabo no tiene quién lo defienda.
Hace 30 días, su mamá pidió ayuda a la Secretaría de Relaciones Exteriores para comenzar a buscarlo, su hermana fue la primera que lo encontró en una página electrónica que tiene la policía del condado Cook.
Su tío espera todavía un aviso de los amigos de Gabo que vivían con él en aquella ciudad norteamericana, pero la burocracia mexicana prometió hacerlo hace 20 días y ya van 60 sin siquiera alguna señal.
Mientras, Gabriel sigue en la celda, sin que nadie le vigile los derechos que tiene como mexicano.
El silaoense es el reo 2009-1028039 en una de las cárceles más antiguas de Chicago. Ninguno de sus familiares sabe cuál fue el delito que cometió, ni los motivos por los que está en proceso frente a una corte estatal.
Sus familiares no tienen antecedes de algún problema de Gabriel y su cercanía telefónica de cada ocho días, jamás evidenció algún síntoma que se tendría que advertir con anticipación.
Gabo trabajaba en un restaurante en Chicago antes del incidente. Emigró a Estados Unidos a la edad de 26 años. Actualmente tiene 33 años. En la carpeta informativa de la policía, sólo se informa que está procesado, que tiene una audiencia en la corte este 8 de febrero de 2010 y que permanece en la cárcel.
Se informa además que pueden enviarle cartas a la dirección P.O. Box 089002 de Chicago, Illinois 60608 o dinero a través de una orden de pago por Moneygram. Si algún familiar requiere verlo, habrá que visitarlo los sábados de 9 de la mañana a 9 de la noche.
Por el momento, su madre Teresa, espera un milagro para conseguir dinero e ir a ver a su hijo, el más pequeño de la familia.
P.D. Si usted quiere conocer el caso de Gabo y decirle a los de la Secretaría de Relaciones Exteriores que es fácil encontrarlo, proporcióneles por favor la siguiente dirección electrónica: http://www2.cookcountysheriff.org/search/details.asp?jailnumber=2009-1028039
viernes 22 de enero de 2010
viernes 13 de noviembre de 2009
Pasión por los jóvenes
En los últimos tres años, los adolescentes de Guanajuato han encontr
ado en el mundo de los pretextos, el argumento menos indicado e injustificado para abandonar sus estudios de bachillerato.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación, cuatro de cada diez chicos dejan la escuela por la simple razón de que la institución no es de su agrado e incluso califican como deficientes los actuales modelos educativos.
El gusto de la escuela es todavía más representativo que la propia crisis económica que enfrenta el país y, lo que es peor aún, parece ganar el primer sitio del listado de perfidias que persisten en el imaginario colectivo.
¿Qué ha pasado realmente con nuestros chicos?
Los datos oficiales revelan que la mayor deserción escolar se da precisamente en la Educación Media Superior, exactamente cuando se combina la edad de la rebeldía de los chicos y el abandono de una autoridad paternal.
Tan sólo en el último trienio, la eficiencia terminal en el nivel de bachillerato no superaba ni el 0.4 por ciento, dato que rompe completamente con el récord que llevábamos en años pasados donde el dato superó el 1 por ciento entre 1996 y el 2000.
Cuando se les pregunta a los muchachos cuál fue el motivo por el que abandonaron la preparatoria, el primer argumento es que no les gusto, no quiso seguir estudiando o no le agrado la escuela y enseguida responden que se debió a la carente economía y evidentemente el esfuerzo que hacen sus padres.
El problema con nuestros chicos y los padres de todos ellos, es que han llegado a confundir su libertad con su autonomía. Muchos de los jóvenes de hoy no sólo quieren ejercer una libertad irresponsable, sino que buscan hacerlo bajo su propio esquema cuya consecuencia es por demás desmoralizador.
Actualmente, los adolescentes presumen tener la capacidad de autogobernarse; actuar de forma autónoma, sin que un elemento externo a él, léase su papá, mamá, hermano mayor, el tío o la abuela, puedan inmiscuirse en sus decisiones.
Sume entonces el sin número de consecuencias.
De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, los jóvenes inician su trabajo entre los 17 y 18 años; principalmente en el sector servicios.
El 49.1 por ciento de los varones y 59.6 por ciento de las mujeres perciben ingresos entre uno y tres salarios mínimos; un 71.8 por ciento no cuentan con un contrato en su primer trabajo, a pesar de que 57.8 por ciento de ellos trabaja diariamente más de ocho horas.
Además de esos empleos prematuros y precarios, el riesgo en su salud es latente. Por ejemplo, el inicio de las relaciones sexuales se da entre los 15 y 19 años de edad; 60 por ciento utiliza algún método anticonceptivo en sus relaciones sexuales y un 35 por ciento no usan ningún porque no les gusta o alguno de la pareja no quiere y por consenso con la pareja.
Cuando veo a los chicos truncados en sus sueños, me entristece no sólo porque dejaron de aspirar en su visión que tenían escrita en el papel de cristal, sino porque su vida misma parece endurecerse aún más y más.
El corazón de los adolescentes debe guardarse detenidamente, advirtiendo su acelerada vida, su apresurada ambición que afecta desenfrenadamente sus anhelos y su condición sexual que enfría cada vez más los nuevos matrimonios.
Algo debemos hacer los padres de familia, los medios de información, los maestros, las autoridades educativas, las universidades, los empresarios de las escuelas privadas, nuestros alcaldes o gobernadores.
No sólo se requiere pasión por nuestros jóvenes, sino por el incondicional amor que debemos mostrarles a ellos. Debemos ofrecer más que conocimiento, vida misma. Ojalá el enfoque por competencias empiece a cumplir el tan anhelado sueño.
ado en el mundo de los pretextos, el argumento menos indicado e injustificado para abandonar sus estudios de bachillerato.De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación, cuatro de cada diez chicos dejan la escuela por la simple razón de que la institución no es de su agrado e incluso califican como deficientes los actuales modelos educativos.
El gusto de la escuela es todavía más representativo que la propia crisis económica que enfrenta el país y, lo que es peor aún, parece ganar el primer sitio del listado de perfidias que persisten en el imaginario colectivo.
¿Qué ha pasado realmente con nuestros chicos?
Los datos oficiales revelan que la mayor deserción escolar se da precisamente en la Educación Media Superior, exactamente cuando se combina la edad de la rebeldía de los chicos y el abandono de una autoridad paternal.
Tan sólo en el último trienio, la eficiencia terminal en el nivel de bachillerato no superaba ni el 0.4 por ciento, dato que rompe completamente con el récord que llevábamos en años pasados donde el dato superó el 1 por ciento entre 1996 y el 2000.
Cuando se les pregunta a los muchachos cuál fue el motivo por el que abandonaron la preparatoria, el primer argumento es que no les gusto, no quiso seguir estudiando o no le agrado la escuela y enseguida responden que se debió a la carente economía y evidentemente el esfuerzo que hacen sus padres.
El problema con nuestros chicos y los padres de todos ellos, es que han llegado a confundir su libertad con su autonomía. Muchos de los jóvenes de hoy no sólo quieren ejercer una libertad irresponsable, sino que buscan hacerlo bajo su propio esquema cuya consecuencia es por demás desmoralizador.
Actualmente, los adolescentes presumen tener la capacidad de autogobernarse; actuar de forma autónoma, sin que un elemento externo a él, léase su papá, mamá, hermano mayor, el tío o la abuela, puedan inmiscuirse en sus decisiones.
Sume entonces el sin número de consecuencias.
De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, los jóvenes inician su trabajo entre los 17 y 18 años; principalmente en el sector servicios.
El 49.1 por ciento de los varones y 59.6 por ciento de las mujeres perciben ingresos entre uno y tres salarios mínimos; un 71.8 por ciento no cuentan con un contrato en su primer trabajo, a pesar de que 57.8 por ciento de ellos trabaja diariamente más de ocho horas.
Además de esos empleos prematuros y precarios, el riesgo en su salud es latente. Por ejemplo, el inicio de las relaciones sexuales se da entre los 15 y 19 años de edad; 60 por ciento utiliza algún método anticonceptivo en sus relaciones sexuales y un 35 por ciento no usan ningún porque no les gusta o alguno de la pareja no quiere y por consenso con la pareja.
Cuando veo a los chicos truncados en sus sueños, me entristece no sólo porque dejaron de aspirar en su visión que tenían escrita en el papel de cristal, sino porque su vida misma parece endurecerse aún más y más.
El corazón de los adolescentes debe guardarse detenidamente, advirtiendo su acelerada vida, su apresurada ambición que afecta desenfrenadamente sus anhelos y su condición sexual que enfría cada vez más los nuevos matrimonios.
Algo debemos hacer los padres de familia, los medios de información, los maestros, las autoridades educativas, las universidades, los empresarios de las escuelas privadas, nuestros alcaldes o gobernadores.
No sólo se requiere pasión por nuestros jóvenes, sino por el incondicional amor que debemos mostrarles a ellos. Debemos ofrecer más que conocimiento, vida misma. Ojalá el enfoque por competencias empiece a cumplir el tan anhelado sueño.
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