viernes 13 de noviembre de 2009

Pasión por los jóvenes

En los últimos tres años, los adolescentes de Guanajuato han encontrado en el mundo de los pretextos, el argumento menos indicado e injustificado para abandonar sus estudios de bachillerato.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación, cuatro de cada diez chicos dejan la escuela por la simple razón de que la institución no es de su agrado e incluso califican como deficientes los actuales modelos educativos.
El gusto de la escuela es todavía más representativo que la propia crisis económica que enfrenta el país y, lo que es peor aún, parece ganar el primer sitio del listado de perfidias que persisten en el imaginario colectivo.
¿Qué ha pasado realmente con nuestros chicos?
Los datos oficiales revelan que la mayor deserción escolar se da precisamente en la Educación Media Superior, exactamente cuando se combina la edad de la rebeldía de los chicos y el abandono de una autoridad paternal.
Tan sólo en el último trienio, la eficiencia terminal en el nivel de bachillerato no superaba ni el 0.4 por ciento, dato que rompe completamente con el récord que llevábamos en años pasados donde el dato superó el 1 por ciento entre 1996 y el 2000.
Cuando se les pregunta a los muchachos cuál fue el motivo por el que abandonaron la preparatoria, el primer argumento es que no les gusto, no quiso seguir estudiando o no le agrado la escuela y enseguida responden que se debió a la carente economía y evidentemente el esfuerzo que hacen sus padres.
El problema con nuestros chicos y los padres de todos ellos, es que han llegado a confundir su libertad con su autonomía. Muchos de los jóvenes de hoy no sólo quieren ejercer una libertad irresponsable, sino que buscan hacerlo bajo su propio esquema cuya consecuencia es por demás desmoralizador.
Actualmente, los adolescentes presumen tener la capacidad de autogobernarse; actuar de forma autónoma, sin que un elemento externo a él, léase su papá, mamá, hermano mayor, el tío o la abuela, puedan inmiscuirse en sus decisiones.
Sume entonces el sin número de consecuencias.
De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, los jóvenes inician su trabajo entre los 17 y 18 años; principalmente en el sector servicios.
El 49.1 por ciento de los varones y 59.6 por ciento de las mujeres perciben ingresos entre uno y tres salarios mínimos; un 71.8 por ciento no cuentan con un contrato en su primer trabajo, a pesar de que 57.8 por ciento de ellos trabaja diariamente más de ocho horas.
Además de esos empleos prematuros y precarios, el riesgo en su salud es latente. Por ejemplo, el inicio de las relaciones sexuales se da entre los 15 y 19 años de edad; 60 por ciento utiliza algún método anticonceptivo en sus relaciones sexuales y un 35 por ciento no usan ningún porque no les gusta o alguno de la pareja no quiere y por consenso con la pareja.
Cuando veo a los chicos truncados en sus sueños, me entristece no sólo porque dejaron de aspirar en su visión que tenían escrita en el papel de cristal, sino porque su vida misma parece endurecerse aún más y más.
El corazón de los adolescentes debe guardarse detenidamente, advirtiendo su acelerada vida, su apresurada ambición que afecta desenfrenadamente sus anhelos y su condición sexual que enfría cada vez más los nuevos matrimonios.
Algo debemos hacer los padres de familia, los medios de información, los maestros, las autoridades educativas, las universidades, los empresarios de las escuelas privadas, nuestros alcaldes o gobernadores.
No sólo se requiere pasión por nuestros jóvenes, sino por el incondicional amor que debemos mostrarles a ellos. Debemos ofrecer más que conocimiento, vida misma. Ojalá el enfoque por competencias empiece a cumplir el tan anhelado sueño.

viernes 25 de septiembre de 2009

LOS PROCURADORES DEL SEXO

Los representantes de la asociación de papás de Guanajuato, salieron a defender un libro de texto que los periódicos calificaron como “mocho” o “religioso”, debido a que elimina de tajo las ilustraciones de los aparatos reproductores de los hombres y las mujeres cuando aborda el tema del sexo.
Los argumentos de amparar un texto que evidentemente esconde la realidad de nuestros jóvenes, pero que además, deja a la imaginación de los adolescentes, las diversas formas de penes y vaginas, me resulta una medida por demás arcaica y religiosa de los procuradores del libro de biología.
En algunos hogares, nuestros hijos saben perfectamente cómo son las vaginas y los penes y qué función tienen en sus cuerpos. Algunos papás tenemos el cuidado de explicar estos temas para que, cuando lleguen a secundaria, no tengan de qué avergonzarse.
Algunos chicos conocen que sus aparatos reproductores representan la multiplicación de la especie en este mundo y nos guste o no, es uno de los principales objetivos que desde un punto de vista bíblico, está bendecido.
Si atendemos esta forma de pensar, descubrimos que en Génesis, Dios crió a la humanidad sin que ninguno de los integrantes, llámese Adán y Eva, tuvieran vergüenza de nada. Es más ambos se veían con agrado sus respectivos aparatos reproductores.
Cuando “los primeros padres” incurrieron en pecado o mejor dicho, desobedecieron al Señor, apareció la vergüenza y ambos empezaron a taparse sus genitales, como ahora quieren hacerlo en el libro de biología.
La gente que quiere limitar la libertad de los jóvenes y adolescentes y que quieren dejar que ellos mismos descubran las funciones, resulta por demás contraproducente, e incurren en pensamientos religiosos de la época de la colonia.
La libertad y el sexo, forman parte de las bendiciones que Dios ha heredado; y la censura o desautorización para nuestros jóvenes, principalmente en el tema de sexo, no debe venir de las instituciones educativas ni mucho menos del gobierno, sino de los propios padres de familia que tenemos la responsabilidad de quitar del mito algo tan valioso y bendecido por el Creador.
Apoyar o defender un texto “mocho”, es una actitud más religiosa que formativa y representa el pensamiento de la época más conservadora de nuestro querido México que amenaza con acabar con el poco avance que tiene el país.
Por supuesto que no estoy de acuerdo en que los chicos comiencen su relación sexual en tiempos prematuros. No lo censuro precisamente por mi creencia, sino por lo dañino que resulta en el corazón de nuestros jóvenes.
En la línea de la vida, los chicos quieren saltar a la paternidad de una manera improvisada que trunca sus sueños más íntimos y, en su primera experiencia, casi siempre se mueven a tener una relación sexual motivada más por el impulso o deseo, que por el amor a la persona.
Los tiempos modernos muestran que las mismas chicas han decido cambiar los moldes arcaicos de sus padres y en varias veces, son ellas las que permiten que su corazón esté en riesgo de romperse por una inmadurez juvenil que parece envolverse en una libertad sin responsabilidad.
Tener relaciones sexuales no tiene que ser una experiencia religiosa como afirma la canción popular, sino que debe ser una decisión para toda la vida, donde los valores como fidelidad, lealtad y amor, formen parte de los ingredientes adicionales para que se alcance la bendición.
Esto es lo que encierra el sexo.
Es bendito sexo. ¡Por Dios!